De la Hostilidad a la Benevolencia

de la hostilidad

En este tiempo que vivimos urge otra mirada, otra manera de leer y vivir la historia que nos acontece. Urge dar un giro de sentido y razón.

Querer lo bueno es lo que nos tendría que identificar como modo de vida, lo que nos llevaría a posibilidades insospechadas; pero no sólo el deseo de querer el bien transforma, sino que lo que verdaderamente transforma la sociedad es hacer el bien.

Esta es la benevolencia de la que quiero hablar y desearía viva en la humanidad de manera natural. Benevolencia que se conjuga con palabras como acogida, calidad humana, verdadera hospitalidad, palabras que deseamos hacer realidad primero en el ámbito personal, para luego multiplicarlo en el comunitario y social.

Pero la vida muchas veces nos sorprende con realidades tan hostiles que esconden de manera terrible este deseo y voluntad de bien; lo constatamos en numerosas ocasiones, pero centro la atención en una que ha conmovido a la sociedad en los últimos días y me ha tocado muy de cerca, y otra que se prolonga ya demasiado en el tiempo.

La primera tiene que ver con mi ciudad natal pero, que por desgracia son muchas las ciudades que han vivido ya acontecimientos similares. Soy de Burriana, un lugar tranquilo de la costa valenciana y donde pasé los primeros días de este 2019 visitando a mi familia. Fueron un par de días en los que me sorprendió muy de cerca una noticia que nadie quiere seguir leyendo en un titular: “Secuestro y violación de una chiquilla de 17 años vecina de Burriana”, cuyo único delito fue decidir volver a casa sola a las 5 de la mañana tras la celebración de la Nochevieja, en una fiesta organizada por el Ayuntamiento de la localidad.

Es muy importante quién es y cómo va a seguir el resto de sus días esta chica, secuestrada, metida en un coche con la cabeza tapada y retenida en un domicilio particular durante 6 horas; pero igualmente importante es abordar cómo resituar los valores y la vida en una sociedad que escribe historia desde la amenaza, la violencia, la indignación. Hostilidad generada de unos hacia otros, qué unos y qué otros podemos preguntarnos tantas veces, porque por desgracia, son ya muchas, demasiadas, las ocasiones para la indignación en nuestro mundo.

La segunda es una realidad que marca titulares desde hace mucho, seguramente demasiado: Hoy en día, hay 21 millones de personas refugiadas; 38 millones desplazadas internas en sus propios países; y algo más de 3 millones son solicitantes de asilo. El mediterráneo se ha convertido en el mayor cementerio a nivel mundial. Este es el panorama social que nos acompaña desde años atrás y el 2019 no pinta distinto.

Recordamos aquí las palabras de Chema Monreal, el patrón de barco, marinero, técnico en salvamento y rescatador:

“¿Sabéis qué se siente cuando tus ojos no divisan tierra?…Yo puedo explicarlo. ¿Sabéis qué se siente cuando el oleaje empieza a crecer?…Yo puedo explicarlo. ¿Sabéis qué se siente cuando divisas a 5 y solo puedes salvar a 3? ¿Sabéis cómo es el Mar a 10 millas de la costa?….¿No lo sabéis verdad? ¿Sabéis cómo es el infierno?…No lo sabéis.

Es parecido a un mar con olas de 4 metros en la oscuridad de la noche, cuando el 99,9 % de vosotros no entra a 20 metros de la orilla.

¿Sabéis como retumban los gritos de socorro en mitad del Mar cuando no divisas a la persona?…¿Sabéis cómo es un cuerpo flotando boca abajo, por el que ya nada se puede hacer?.

¿Sabéis a qué velocidad se traga el Mar un cuerpo, cuando 10 segundos antes te miraba pidiendo ayuda?…¿Sabéis que es el frío y la soledad?…No lo sabéis.

Ojalá vuestra imagen del Mar sea siempre la del verano y el Sol, porque si algún día os veis en esta otra situación, rezad para que en los despachos de un gobierno den la orden de ir a buscaros.

Un abrazo a todos”.

Chema Monreal.

 

Podríamos seguir enumerando realidades que nos abocan a una terrible amenaza de los derechos fundamentales del ser humano, preguntándonos al mismo tiempo quiénes son los autores de las atrocidades que acontecen a diario en nuestro mundo, buscando culpables y también víctimas… Llegados a este punto todos opinamos, algunos de manera más prudente y misericordiosa, y otros más condenatorios y drásticos, incluso con tintes xenófobos cuando se descubre la mano “extranjera” empuñando la barbarie.

Cómo es posible generar confianza ante tanta amenaza.
Cómo despertar comprensión frente a tanta oposición.
Cómo despertar solidaridad ante tanta violencia y acritud.
Cómo generar benevolencia frente a tanta hostilidad.
Cómo…

Si fuéramos capaces de dejarnos vencer por la benevolencia, por querer el bien y hacerlo, ya no tendríamos motivos para el lamento ante tanta noticia aberrante que nos ofrece la cruda realidad. Así mismo, dejaríamos de sumar cifras de personas obligadas a abandonar su hogar, su tierra, por un conflicto armado, por políticas destructivas en los países de origen, por bolsas de pobreza evitables o desastres naturales sin precedentes.

La estrategia más común, tanto a nivel político como social, es señalar a quienes llegan y de dónde llegan. Pero mejor, desterrar ese gesto y ese discurso para pasar a señalar sus actos, porque es más justo y más verdadero, así como más evangélico. No olvidemos cuánta de nuestra gente tuvo que salir, dejar su hogar y su país. ¿Todos los españoles resolvieron igual la situación? Pues tampoco generalicemos hoy nosotros desde el otro lado, y juzguemos sólo los actos, no a la persona y menos al colectivo, atendiendo al “por sus obras los conoceréis”.

Es urgente hoy ofrecer espacios personales, comunitarios y sociales donde la benevolencia se haga hueco en medio de tanta hostilidad, donde ya nunca más se vulneren los derechos fundamentales de nadie, donde la esperanza marque el ritmo de los días en tantas vidas amenazadas por el odio, la violencia y el miedo.

Alcemos la mirada y también el corazón. Alcemos nuestras manos de paz y gritemos otro mundo posible, donde la vida se abra paso y la libertad se adueñe de nuestras jornadas.

  • ¿Hay algo que tú y yo podemos hacer en nombre de la benevolencia, en medio de tanta injusticia y atrocidad?
  • ¿Cómo hacer posible lugares y valores que salvaguarden la dignidad de unos y otros?
  • Más allá de creencias, género, ideología y cultura, será posible construir una casa común que cuide, proteja y acoja?

Escrito por Silvia Sanchis Vidal, HNSC