Burkina Faso en primera persona

La Hermana Mª Luisa Dauder se encuentra en estos momentos en Burkina Faso, después de haber estado como profesora en distintos colegios de España.

Recientemente, y aprovechando las posibilidades de las nuevas tecnologías, ha comentado algunas de sus experiencias y viviendas en esta aventura tan enriquecedora para ella.

Marisa1Comparando la cómoda vida que casi todos llevamos aquí con la que observa en Burkina Faso, Marisa Dauder comenta que cualquier día allí es una experiencia y ver luchar a la gente todos los días la estimula a seguir trabajando con alegría. Entre otras cosas, por el Golpe de Estado (a principios del mes de noviembre) y por la vivencia minuto a minuto del actual período de transición.

Las comunicaciones no tienen comparación con este momento: la línea telefónica e internet fallan con cierta frecuencia, y hace poco han estado tres días incomunicadas.

Marisa comenta las eucaristías que vive allí: tanto la misa diaria como las oraciones por todos los sobresaltos políticos y sociales que la rodean, pero también las celebraciones de los domingos; habla con ilusión del coro de misa, de la afluencia de público (y de cómo acaba doliéndole el brazo de dar la comunión a tanta gente)… pero se encuentra sorprendida por «el prestigio de la vida religiosa, a veces para mi gusto demasiado, quiero decir que a veces falta naturalidad«.

MarisaSAM_2664 ha hablado también de su trabajo diario en el centro educativo Maria Rosa Molas.  «En estos ultimos años hemos hecho algunos cambios al estilo de la Madre Fundadora: «a la altura de la sana ilustracion de la epoca«. Leer la vida y adaptar el centro a esa lectura de la vida. Hace dos años eliminamos el desayuno, porque los ninos traian pan o bizcochos de casa, este curso hemos acogido ninos de familias que pueden pagar y otros que pagan un poco mas que antes«.

Quienes la conocemos, nos la imaginamos emocionada y mirando al suelo al comentar un caso concreto vivido pocos días antes: «un nino, que su madre murio al dar a luz su quinto hijo. Entonces el nino pasó a casa de su tia, viuda y con cuatro hijos. A ese nino le pagamos todo, porque el padre se ha desentendido y no da nada a su cuñada para encargarse de su hijo». 

Comenta más casos: una nina autista, que su padre paga todo, «pero la hemos acogido con el deseo de ayudarla a la integracion entre otros ninos. No creo que hayan muchos centros asi. Somos pioneros, con todas las dificultades de no tener los medios humanos y materiales necesarios».